Mieres no esconde que fue minera. Sería imposible entenderla si lo hiciera. Los castilletes, las barriadas, los antiguos talleres y los trazados ferroviarios forman parte de un paisaje que creció alrededor del carbón y que todavía conserva una identidad obrera muy fuerte. Sin embargo, reducir el concejo a su pasado sería quedarse a medias. Mieres del Camín mantiene vida comercial, actividad cultural, plazas concurridas y una relación muy directa con la calle. La Plaza de Requejo, los chigres y el entorno de la iglesia de San Juan muestran esa cara cotidiana en la que la sidra, la conversación y la vida local tienen tanto protagonismo como los grandes elementos patrimoniales.
El patrimonio industrial permite recorrer el concejo siguiendo la historia de la minería. Bustiello no es simplemente un conjunto de edificios antiguos, sino un poblado planificado entre finales del siglo XIX y comienzos del XX para organizar la vida de trabajadores, técnicos y sus familias. En el valle de Turón, el Pozu Santa Bárbara, Espinos y Fortuna ayudan a comprender el trabajo bajo tierra, la evolución de las explotaciones y la transformación de toda una sociedad. Algunos de estos espacios han encontrado nuevos usos culturales, mientras la antigua vía minera del valle permite caminar o pedalear entre restos industriales, núcleos habitados y un paisaje que ha recuperado buena parte de su vegetación.
Fuera de los principales ejes urbanos aparece otro Mieres. El valle de Cuna y Cenera conserva caserías, pomaradas, ermitas, palacios rurales y pequeños pueblos que muestran una relación distinta con el territorio. El Camín del Salvador atraviesa el concejo, mientras las rutas de senderismo, los itinerarios BTT y el Anillo Ciclista permiten recorrer montes y valles sin perder nunca de vista la huella minera. Mieres no pretende convertirse en un parque temático de la nostalgia. Su atractivo está en comprobar cómo un territorio de trabajo duro utiliza su memoria para construir cultura, abrir caminos y explicar con honestidad de dónde viene.