Aller

  • Vista panorámica de un pueblo rodeado de montañas y vegetación, enmarcada por ramas verdes
  • Arco natural en una formación rocosa con un cielo azul despejado
  • Vista aérea de un pueblo con casas de techos rojos, un castillo y una carretera que atraviesa un paisaje montañoso

Valle minero y ganadero a los pies de Fuentes de Invierno

Aller no se descubre de golpe. Hay que remontar el valle y observar cómo cambia el paisaje a medida que la carretera deja atrás los núcleos más urbanos y avanza hacia Collanzo, Felechosa y las montañas de la Cordillera Cantábrica. En ese recorrido conviven barrios construidos alrededor de la minería, pueblos ganaderos, prados, bosques y laderas que se vuelven cada vez más exigentes. No es un concejo uniforme ni una postal preparada para el visitante. Es un territorio extenso, habitado y trabajado, donde la memoria del carbón sigue presente, pero comparte espacio con una cultura de montaña que nunca llegó a desaparecer.

Las Foces de El Pino muestran bien el carácter de Aller. El camino entra en una garganta estrecha, acompañando al río entre paredes de roca, sombra y humedad. Más arriba, las Foces de Ruayer, el hayedo del Gumial, la cascada de Xurbeo o los caminos de Coto Bello permiten conocer paisajes muy distintos sin salir del concejo. En invierno, Fuentes de Invierno cambia el ritmo del valle con la llegada de la nieve; durante el resto del año, sus puertos, pistas y senderos atraen a caminantes, ciclistas y personas que buscan una montaña cercana, pero no domesticada. Aquí conviene mirar la previsión, elegir bien la ruta y aceptar que la niebla, la lluvia o el frío también forman parte de la experiencia.

Aller también se comprende a través de sus huellas históricas. La Vía Carisa recuerda que estas montañas fueron lugar de paso desde hace siglos; las iglesias de San Vicente de Serrapio y San Juan de Rumiera conservan un patrimonio románico integrado en pequeños pueblos; y el Pozo San Fernando habla de una etapa minera que transformó la economía, el paisaje y la vida de muchas familias. Visitar Aller es enlazar todas esas capas en un mismo viaje: caminar por una foz, detenerse ante un castillete, entrar en una iglesia rural, comer en una casa de comidas y continuar valle arriba para descubrir qué espera tras la siguiente curva.

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