Ribera de Arriba no necesita grandes cumbres para tener una personalidad reconocible. Su paisaje se organiza alrededor del agua, en el punto donde el Caudal se entrega al Nalón, y combina vegas, laderas boscosas, pueblos y las infraestructuras propias del corredor central asturiano. Es un concejo pequeño y bien comunicado, muy próximo a Oviedo, pero conserva rincones en los que todavía se percibe la relación tradicional entre las casas, las tierras de cultivo, el río y el monte.
Güeñu/Bueño es su imagen más conocida, aunque conviene recorrerlo sin verlo únicamente como una colección de monumentos. Sus hórreos y paneras forman parte de las calles, de las viviendas y de la historia cotidiana del pueblo. El Centro de Interpretación del Hórreo ayuda a comprender para qué servían estas construcciones, cómo se levantaban y por qué se convirtieron en uno de los grandes símbolos de la cultura rural asturiana. Pasear por Bueño permite observar detalles que a menudo pasan desapercibidos: corredores de madera, pegollos, cubiertas, pequeñas huertas y la relación entre cada construcción y el espacio que la rodea.
Más allá de Bueño, las sierras de Peñerudes y Argame abren posibilidades para caminar y ganar altura, mientras las riberas del Nalón ofrecen recorridos más tranquilos. Soto Ribera, Tellego y los demás núcleos muestran un concejo que no vive de espaldas a su realidad industrial y metropolitana, pero que tampoco ha perdido su base rural. Ribera de Arriba se visita bien sin prisas, prestando atención a las pequeñas escalas. Es un lugar apropiado para entender que la Montaña Central también está hecha de valles abiertos, arquitectura popular y paisajes cotidianos.